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lunes, 8 de julio de 2019

María Moreno sobre el periodismo narrativo

Escribir la necesidad actual


Los hechos son el relato de los hechos. Y por supuesto que se actualizan. Si yo contara lo mismo dentro de un tiempo registraría otra cosa. Siempre es la necesidad actual lo que se escribe. Es una relación entre palabras, no entre hechos. 
Hay muchas cosas que le puedo adeudar a mis psicoanalistas, porque son reescrituras de la novela familiar que se produce en una sesión.

Entiendo que las generaciones tengan nostalgia de una épica de la conversación. Lo nuestro era el cuerpo conversando todo el tiempo.



◇ Hay algo en la crónica que recomiendo: El cambio de planes.

◇ En Latinoamérica hubo un triunfo de la crónica de denuncia. Yo propongo un rescate de la crónica de las frivolidades.

◇ Cada época regula los límites de la crónica: los limita o los amplía. 

◇ En la crónica es fundamental el cuidado con los detalles, pero sin caer en una enumeración de catálogo. 

◇ La crónica permite hacer grandes textos a partir de lo nimio y lo cotidiano, no requiere grandes temas para existir. 

Fragmentos de un taller de Revista Anfibia

María Moreno (Buenos Aires) es escritora y periodista. Publicó libros de no ficción como Black Out y Oración: Carta a Vicki y otras elegías políticas, colaboró con diversas revistas y fue secretaria de redacción en el antiguo Tiempo Argentino, donde fundó en los 80 el suplemento Mujer. En 2002 obtuvo la beca Guggenheim para investigar sobre política y sexualidad en las militancias de los años setenta y en 2019 obtuvo el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas.

lunes, 1 de julio de 2019

Joefina Licitra sobre la crónica

La mirada del otro

Si no reproducís como un escriba la voluntad del otro, si sos fiel a tu mirada y si tributás al único objetivo de una crónica, que es entender un pedazo de mundo sin hacerle favores a nadie, es probable –aunque no seguro- que alguien se moleste. Pero no porque uno escriba para hacer daño (no es bueno escribir para hacer daño) sino porque la mirada del otro puede ser dura. La diferencia entre la mirada propia y la del otro es como la que hay entre mirarse a un espejo y mirar una foto que te han tomado. Cuando te mirás al espejo es inevitable que ignores los que no te gusta y te detengas en la imagen más tranquilizadora de vos mismo. Eso no ocurre en una foto: ahí está la mirada del otro y no hay tranquilidad posible. Solo puede haber, en el mejor de los casos, aceptación.*



Josefina Licitra (1975, La Plata, Argentina) es periodista y escritora. Escribió en diversos diarios como Clarín, La Nación y Perfil, en revistas argentinas como Rolling Stone, Veintitrés, Brando y La Mujer de Mi Vida, y extranjeras como las colombianas Gatopardo y El Malpensante, la peruana Etiqueta Negra y la francesa Feuilleton. Publicó 38 Estrellas : La mayor fuga de una cárcel de mujeres de la historia (Editorial Planeta. 2018), entre otros libros de no ficción. Fue galardonada con el Premio Gabriel García Márquez de Periodismo que otorga la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. 

Leila Guerriero sobre escribir

Hay que amasar el pan




Hay que amasar el pan con brío, con indiferencia, con ira, con ambición, pensando en otra cosa. Hay que amasar el pan en días fríos y en días de verano, con sol, con humedad, con lluvia helada. Hay que amasar el pan sin ganas de amasar el pan. Hay que amasar el pan con las manos, con la punta de los dedos, con los antebrazos, con los hombros, con fuerza y con debilidad y con resfrío. Hay que amasar el pan con rencor, con tristeza, con recuerdos, con el corazón hecho pedazos, con los muertos. Hay que amasar el pan pensando en lo que se va a hacer después. Hay que amasar el pan como si no fuera a hacerse nada, nunca más, después. Hay que amasar el pan con harina, con agua, con sal, con levadura, con manteca, con sésamo, con amapola. Hay que amasar el pan con valor, con receta, con improvisación, con dudas. Con la certeza de que va a fallar. Con la certeza de que saldrá bien. Hay que amasar el pan con pánico a no poder hacerlo nunca más, a que se queme, a que salga crudo, a que no le guste a nadie. Hay que amasar el pan todas las semanas, de todos los meses, de todos los años, sin pensar que habrá que amasar el pan todas las semanas de todos los meses de todos los años: hay que amasar el pan como si fuera la primera vez. Habrá que amasar el pan cuando ella se muera, hubo que amasar el pan cuando ella se murió, hay que amasar el pan antes de partir de viaje, y al regreso, y durante el viaje hay que pensar en amasar el pan: en amasar el pan cuando se vuelva a casa. Hay que amasar el pan con cansancio, por cansancio, contra el cansancio. Hay que amasar el pan sin humildad, con empeño, con odio, con desprecio, con ferocidad, con saña. Como si todo estuviera al fin por acabarse. Como si todo estuviera al fin por empezar. Hay que amasar el pan para vivir, porque se vive, para seguir viviendo. Escribir. Amasar el pan. No hay diferencia. 



Leila Guerriero (1967, Junín, Argentina) es periodista y escritora. Publica en medios como La Nación y Rolling Stone, de Argentina; Gatopardo, de México; El Mercurio, de Chile, L’Internazionale, de Italia, y El País, de España. Publicó libros de no ficción como Los suicidas del fin del mundo (2005) y Una historia sencilla (2011). Es directora de la colección Mirada crónica, de Tusquets Argentina; realiza trabajos de edición para Ediciones Universidad Diego Portales, de Chile, y desde 2016 dirige la Especialización en periodismo de la Fundación Tomás Eloy Martínez (Buenos Aires).